La estructura de la neurona
Beatriz (1º Bach A)

Imagen de una neurona. (Foto: PNAS)
Como las ramas de un árbol
El secreto está en el cono de crecimiento y, sobre todo, en dos proteínas presentes en gran cantidad en esta estructura. El cono, situado en la punta de las proyecciones, actúa como la yema de un tallo dirigiendo su crecimiento. La luz es el estímulo que persiguen las plantas mientras que las neuritas se guían por otros, en este caso químicos, en su camino. Estos quimioatractivos actúan a través de redes de regulación, según los hallazgos de estos investigadores, que destacan el papel de dos proteínas intracelulares, Cdc42 y Rac, encargadas de “transmitir las señales del entorno de la célula al citoesqueleto [el soporte interno celular, como nuestros huesos] para controlar los cambios en la forma que conducen a la protrusión de la neurita”, explica Klemke. Una suerte de traductor de información en órdenes.
El conjunto es mucho más complejo. Cerca de 5.000 proteínas podrían estar implicadas en el proceso, integradas en 51 redes que “controlan diferentes funciones celulares durante la neuritogénesis para afinar la extensión de las neuritas”, afirman los autores. Aunque ciertamente preliminar, las conclusiones de este trabajo son un paso importante en la comprensión del funcionamiento de las neuronas que muchos esperan sea algún día útil para tratar patologías como el Alzheimer o la lesión medular. “Si podemos descubrir cómo iniciar y dirigir los brotes de las neuritas hacia el lugar apropiado del cerebro o la médula espinal seremos capaces de revertir las enfermedades neurodegenerativas y los daños medulares, respectivamente”, concluye Klemke. “Comprender las señales que median este proceso es un importante primer paso para abordar el problema”.