
Un ejemplar de Aquila adalberti, en pleno corazón del Parque Nacional de Cabañeros (Ciudad Real)
, hay un nido de águila en el que vive un aguilucho. El polluelo nació el pasado 12 de abril y, si todo va bien, casi es seguro que abandonará el nido a finales de este mismo mes de junio. Es juguetón y le encanta cobijarse bajo el calor de sus padres, que le adoran y le cuidan con mimo y sabiduría. Como no tiene hermanos, se come todo lo que sus progenitores le traen al nido.
, cuando esta emblemática rapaz anida en lugares de difícil acceso, casi secretos, lejos del mundanal ruido del que siempre han huido los pocos sabios que en el mundo han sido? La razón es sencilla: Pablo, a raíz de una reciente visita efectuada por la ministra de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, Elena Espinosa, a Pueblo Nuevo del Bullaque (Ciudad Real), se enteró de algo muy raro: en este término municipal, o quizás en alguna otra localidad de esa misma provincia o de la de Toledo—pues el lugar exacto nadie lo ha desvelado por motivos obvios de seguridad—, hay una cámara propulsada con energía solar que emite en directo todo lo que ocurría en un nido de un águila.
Y al igual que Pablo, también se enteraron de la buena nueva la mayoría de los niños de cuantos colegios manchegos se hallan en la zona de los Montes de Toledo, dentro del famoso Parque Nacional de Cabañeros, célebre por haber estado a punto de convertirse en campo de tiro.
Hoy, sin embargo, este singular entorno, que abarca más de 40.000 hectáreas, sirve de refugio de grandes rapaces, cigüeñas negras y otras muchas especies en peligro de extinción, como es el caso del aguilucho que ahora se ha colado a través de internet en no se sabe cuántos hogares del planeta azul.
Y todo gracias al programa «Alzando el vuelo», que, con el fin de contribuir a la conservación del águila imperial ibérica, fue lanzado en el año 2006 por SEO/BirdLife con la colaboración de la Fundación Biodiversidad, el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (ADIF) y la Obra Social de Caja Madrid.
Desde entonces, el equipo de «Alzando el vuelo» ha trabajado de manera incansable, consciente de que, al águila imperial ibérica, ese su cuidado por anidar a salvo de miradas indiscretas no le ha servido para que su especie se reproduzca en abundancia. Por el contrario, como muy bien recuerdan enSEO/BirdLife,hace unas décadas estuvo al borde de la extinción, y en estos momentos existen poco más de 200 parejas reproductoras en todo el mundo (en concreto 234, según datos oficiales de 2007). De ellas, dos han sido localizadas en Portugal y las restantes viven todas en España, y concretamente en cinco comunidades autónomas: Andalucía, Castilla-LaMancha, Castilla y León, Extremadura y Madrid.
Es, por tanto, una especie única, o endémica, de la Península Ibérica, lo que la convierte en un auténtico tesoro. Aun así, hay personas (muy pocas, afortunadamente) que no tienen reparo en disparar contra ella. De hecho, 13 murieron a balazo puro y duro entre 1995 y 2005. Otras, al menos 95 entre 1990 y 2007, perdieron su vida al ingerir cebos previamente envenenados por algún miembro de la estirpe humana.